|
|
|
Nota completa
El Art. 1 de la Ley 24.660, refiriéndose al Tratamiento Penitenciario: “La ejecución de la pena privativa de la libertad, en todas sus modalidades, tiene por finalidad lograr que el condenado adquiera la comprensión y el apoyo de la ley, procurando su adecuada reinserción social, promoviendo la comprensión y el apoyo de la sociedad. El Régimen Penitenciario deberá utilizar, de acuerdo a las circunstancias de cada caso, todos los medios de tratamiento interdisciplinario que resulten apropiado a la finalidad enunciada”. Desde la Ejecución Penal se reclama la intervención de la Ciencia Criminológica mas allá del fenómeno delictivo y su génesis. El espíritu de la Ley plantea la necesidad de actuar sobre su conducta delictiva ya actuada y su autor. Por esta razón es que cada vez cobra más auge el campo de la Criminología aplicada del cual forma parte esta intervención y en el cual están depositadas las mayores expectativas sobre la capacidad de arbitrar medidas que tienda a dar soluciones para disminuir la conducta criminal. Mejorar el funcionamiento de las organizaciones penitenciarias y dotar de mayores capacidades sociales a los internos es lo que define una intervención en estos ámbitos. Es decir, se podría definir tratamiento penitenciario como "La intervención técnico-operativa, basada en una concepción criminológica, que consiste en la planificación, aplicación y evaluación de programas dirigidos a la funcionalidad organizacional de la institución y a la rehabilitación de los internos, que permita la reinserción social". La diagramación, estructuración y realización de las acciones de intervención que tienden al logro de los objetivos enunciados comprende lo que llamamos "Tratamiento Penitenciario". No es fácil implementar acciones para obtener cambios en el pensar y en el actuar de un ser humano, sobre todo cuando se trata de hacerlo en un ámbito que lo priva de su libertad, que no es el natural, que no forma parte de su ecosistema de origen, que lo aleja de la vida comunitaria, y asume características propias que se producen en los sistemas cerrados con consecuencias negativas para su integridad psicofísica. Es por esto que decimos siguiendo el pensamiento del destacado Criminólogo Santiago Redondo, que la elaboración de un Programa de Intervención Penitenciaria no puede tender al logro de los objetivos propuestos, si no tiene en cuenta cuestiones propias de la organización institucional como ser: masificación, violencia institucional, custodia de internos, etc. Por esto los objetivos desde una programación interventiva deben contemplar dos aspectos básicamente:
Los programas interventivos tienen como objetivo principal que un individuo cambie sus conductas y logre una buena inserción y funcionalidad en la sociedad libre, por lo cual debemos tomar esa sociedad como modelo organizativo funcional. Planificación acorde a actividades: trabajo, estudio, recreación, deportes, reunión con amigos, etc. Es por eso que se deben tener en cuenta en la elaboración de los programas, algunos aspectos que pueden favorecer los resultados e incrementar el interés por los mismos. Estos se deben tener en cuenta en una escala jerárquica. Se debe saber con que recursos humanos y económicos se podría contar para ejecutar programas. Se deben elaborar de acuerdo a criterios conceptuales y criterios empíricos relacionados con las conductas y el comportamiento dentro de las instituciones penitenciarias. Las intervenciones creemos, deben considerar las conductas y entre ellas las que hacen a dos objetivos principales:
La intervención en las prisiones puede responder a distintos modelos basados en la concepción social y criminológica del problema de la delincuencia y a los elementos técnicos con que cuenta para abordar la problemática. Puede ser basada en el voluntarismo penitenciario que consiste en una serie de acciones de tipo humanitario dirigida a paliar la carencia y defectos propios de la institución, sin ningún tipo de organización y de escasa utilidad que más de lo que quisiéramos fueron introducidos en las instituciones. Teniendo en cuenta que la intervención sistematizada es el único modo de lograr los objetivos de lo que queremos para nuestra política penitenciaria, conectada con la meta de la reinserción social y la disminución de los niveles de reincidencia, es que hemos optados aún dentro de los déficit y graves falencias estructurales, por los “programas de acción”, fundados en modelos científicos y que abarcan sectores y problemáticas sociales especiales. Mas allá de la solución inmediata del problema provocada por un desborde de demandas que nunca pueden ser satisfechas y solo producen nefastos resultados por el avasallamiento y el caos provocado por la desorganización interna Es de destacar que la propulsión de un marco legal, fundado en una ideología humanística de respeto hacia las personas de preocupación por paliar o tener a reparar la problemática de la marginación y el desarrollo de una comunidad con mayor justicia social, motivo la búsqueda de fuentes, cuyas intervenciones en instituciones penitenciarias están diagramadas técnica y científicamente y cuyas evaluaciones, las colocan en posición ventajosa para la obtención de los resultados que se persiguen. Basándonos en el encuadre de Tratamiento Penitenciario al que nos hemos referido y teniendo en cuenta las posibilidades que nos ofrece nuestra institución (tanto materiales como humanas) la idiosincrasia de nuestro entorno, los requerimientos sociales y políticos, nos propusimos elaborar programas especiales, con la firme convicción que será más favorecedor del éxito de los mismos, el establecimiento de pautas de convivencia y un medio ambiental que se asemeje en la mayor medida posible al de la vida en libertad. A modo de conclusión:Obtener resultados traducidos en porcentajes de las evaluaciones que pueden ser realizadas por los responsables de la ejecución de los programas, entendemos que es un punto fundamental para que esta tarea sea comprendida y valorada desde el ámbito socio-político y se preste el aval necesario para poder desarrollar las acciones e incorporar los recursos materiales y profesionales necesarios para su realización. En momentos como los que estamos viviendo, esta tarea se hace difícil de realizar. Se transforma en un círculo vicioso la dificultad dada por la necesidad de recursos profesionales para llevarla a cabo que motiva no poder acceder a los niveles sociales y políticos necesarios para poder obtener los recursos y así sucesivamente. observación de cambios conductuales y motivacionales, que nos brindan los síntomas y la proyección del clima social que predomina en la institución y las necesidades fundamentales en base a las cuales se pueden diagramar programas e intervenciones ajustadas a la realidad y modificaciones que sean mas funcionales para la misma. Si bien creemos que nos queda mucho por realizar estamos convencidos que hemos encarado el único camino por el cual, podemos llegar a la meta propuesta: una base científica, un trabajo técnico y por sobre todo un accionar en equipo, desde todas las funciones, que favorece paulatinamente la fuerza y la integración del rol institucional.
|
|
|